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martes, 4 de agosto de 2015

Diario de un puto: La discapacidad del sexo

Hace un tiempo recibí al WhatsApp un mensaje de un chico explicándome que no caminaba. Yo nunca había atendido a una persona en silla de ruedas. Mis clientes hasta ese momento eran personas con todas sus capacidades motrices en “buen estado” y, para ser sincero, me provocaba mucho nerviosismo atender por primera vez a un cliente con “movilidad reducida”. Quise decirle que sí de inmediato. Me resultaba incómodo tanto para él como para mí tener que evidenciar mucho su particular diferencia.

La prostitución exige ciertos niveles de funcionalidad corporal. Cuando ofrezco mis servicios se supone que ofrezco un cumplimiento con las normas establecidas de belleza y salud. De parte de los clientes, basta con tener dinero. Poco debe importarme como puto si quien me paga tiene algo que ver con mis gustos personales. Pero en Chile la sexualidad de ciertas personas parece no existir, y eso provoca situaciones para las que uno no siempre está preparado.
Hace un tiempo recibí al WhatsApp un mensaje de un chico explicándome que no caminaba. Yo nunca había atendido a una persona en silla de ruedas. Mis clientes hasta ese momento eran personas con todas sus capacidades motrices en “buen estado” y, para ser sincero, me provocaba mucho nerviosismo atender por primera vez a un cliente con “movilidad reducida”. Quise decirle que sí de inmediato. Me resultaba incómodo tanto para él como para mí tener que evidenciar mucho su particular diferencia.
Con toda esa inseguridad de puto inexperto esperé que llegara. Puse pornografía para precalentarme. Cuando llegó, solo tuve que abrirle la puerta y esperar mientras él entraba con su silla. Estaba muy perfumado y su sonrisa ansiosa me calmó un poco los nervios, que en el fondo eran los nervios de toda primera vez. Le ofrecí algo para beber, pero prefirió pasar de inmediato al dormitorio. Sus movimientos eran muy decididos y mientras me pasaba el dinero, me pidió que solo me preocupara por metérselo bien. Se quitó la ropa sentado en su silla. Yo por cortesía le ofrecí desabrocharle las zapatillas, pero no quiso. Me fui relajando a medida que fue demostrándome lo autónomo que resultaba ser. Tuve temor de no poder funcionar, pero no me costó mucho calentarme al verlo recostado boca abajo sobre la cama. Sus instrucciones fueron que le partiera el culo sin consideraciones particulares. Tenía la fantasía de ser abusado. “No podré escaparme de ti, Camilo”. Quiso que atara sus manos a la cama y que le abriera un poco más las piernas “para que entre entero, sin lástima”. Fui todo lo brusco que me pidió ser. Me provocaba mucho tener ese control sobre su cuerpo.
La fantasía del abuso sexual no es lo mismo con un cliente que puede ponerse de pie en cualquier momento. Si no hubiera sido por su insistencia en ese sometimiento, todo el imaginario lastimero de la Teletón con las personas “discapacitadas” no me habría permitido complacerlo. Quiso que acabara sobre su cara, pero que lo siguiera penetrando con mis dedos. No desamarré sus manos hasta después de chorrear en su sonrisa ansiosa. Él no necesitaba eyacular para quedar satisfecho.
Mientras se vestía me contó lo difícil que le resultaba encontrar putos que quisieran atenderlo. Sus padres seguían sobreprotegiéndolo, espantándole toda posibilidad de sexo; las pocas veces que ha follado han sido pagadas y a escondidas de la familia. Odiaba a Don Francisco y toda esa compasión de un país que se supone solidario, pero que se olvida de ciertos disfrutes sexuales. Cuando se montó en su silla le agradecí la experiencia y le regalé un beso. Le abrí la puerta y me dijo que los putos no besábamos clientes, que no hiciera la diferencia con él. Le encontré toda la razón y cerré la puerta. Hacía tiempo que no sentía toda esa satisfacción que siente un puto en sus primeras veces.

Publicado origialmente por el prostituto, escritor y activista de CUDS, Josecarlx Henriquez Silva, el 4 de agosto de 2015, en The Clinic Online.  

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cuerpos abyectos entrelazando vidas (Somateca, 28 de noviembre)

El pasado día 28 fuimos invitados a participar a la mesa 'Diversexx[y]s' enmarcada en las 'Jornadas creep-queer: Cuerpos abyectos entrelazando vidas', organizadas por el colectivo Somateca en el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid. A continuación resumo la aportación de Sex Asistent a los principales temas tratados allí...


Las actuales alianzas entre colectivos discriminados sintetizan dos luchas históricas:
  • La de los derechos civiles y sexuales en igualdad de oportunidades de las personas con diversidad funcional
  • La de los movimientos disidentes al sometimiento político de los cuerpos por los estándares de belleza y de una sexualidad estandarizada. En esa rebelión al sometimiento del cuerpo y los derechos sexuales, por primera vez se visibilizan las personas con diversidad funcional como sujetos de derechos orgullosos de sus cuerpos diversos y en rebeldía ante modelos hegemónicos de cuerpos y de practicas sexuales. 
La idea de divertad propuesta por Javier Romañach es vinculable al ámbito de la sexualidad. La idea persiguiría crear una sociedad diversa y, desde ella, una humanidad inclusiva.
En ese sentido, Sex Asistent es un agente de cambio, de transformación, de reveldía y de resistencia al sometimiento del cuerpo, de la diversidad humana y de la sexualidad como dispositivo de control. Es un proyecto internacional, presente en 6 países (España, Argentina, Venezuela, Colombia y Francia), de índole académico y de investigación sobre sexualidad en diversidad con enfoque en DDHH y de promoción de la asistencia sexual como herramienta de empoderamiento e igualdad de oportunidades creado por Silvina Peirano en 2012 en Barcelona a partir de los espacios de Mitología de la Sexualidad Especial y Sex Asistent y la Filosofía de Vida Independiente como base ideológica. Propiciamos espacios de acción y participación (encuentros, charlas, debates...) para la difusión de la figura del asistente sexual dentro del amplio marco referencial de la sexualidad, la diversidad funcional y la asistencia/acompañamiento sexual.

La relación que mantiene la sociedad con las personas con diversidad funcional suele ser de subordinación. Nosotros proponemos el empoderamiento de las personas con diversidad funcional a través de su sexualidad, y creemos que solo de esta forma dejaran de ser vistos como niños eternos y asexuados para pasar a ser considerados personas adultas empoderadas que toman decisiones entorno a su propia vida. Por lo tanto, la propuesta nos lleba a un modelo social de diversidad inclusiva y en divertad, es decir, en libertad y con dignidad, en la que quepamos todas/os. Y eso es el primer paso para considerar a las personas con diversidad funcional como seres no solamente sexuados sinó como objeto de deseo, porque la diversidad quedará asimilada socialmente como algo natural. 

Además, este proyecto aporta a la sociedad en general un replanteamiento de los modelos de sexualidad-es y de entender y asimilar la diveridad humana, porque la sexualidad es diversa en si misma.

Cuando hablamos de asistencia o acompañamiento sexual no inventamos nada. Simplemente pretendemos ampliar unos derechos ya existentes hacia el colectivo de personas con diversidad funcional, en base a las solicitudes de sus protagonistas empoderados y orgullosos de su cuerpo. En ningún caso, debe de ser considerada la única opción sexual para estas personas.

Como opción libre, independiente e informada es una alternativa para aquellas personas con diversidad funcional que no pueden satisfacer sus necesidades sexuales o que encuentran grandes dificultades para lograrlo. Todas las personas somos seres sexuados y tenemos el derecho y la necesidad de disfrutar de relaciones sexuales plenas, saludables y placenteras. Por desgracia, existe un porcentaje muy alto de personas con diversidad funcional que no tiene acceso a compartir su sexualidad con otra persona y, a menudo, ni siquiera acceso a su propio cuerpo.

En ese sentido la asistencia sexual no es un fin en si mismo, sino un medio para ayudar a cada persona a encontrar la manera de vivir su sexualidad. No se trata simplemente de cubrir una necesidad inmediata, sino de descubrir, de sentir, de desear y ser deseado, de autoestima, de empoderamiento... Con la creación de la figura del asistente sexual se demuestra que las personas con diversidad funcional, por el echo de serlo, no tienen problemas para ejercer sus derechos sexuales siempre y cuando cuenten con los apoyos técnicos y/o humanos necesarios. Cualquier problema en este sentido es derivado de la discriminación, el apartheid y la anulación de la personalidad a la que a menudo son sometidos y que no les permite vivir en comunidad y en igualdad de oportunidades, y también por el rechazo social hacia sus cuerpos alejados de los estándares estéticos. Por lo tanto, no son susceptibles de terapias relacionadas con su sexualidad por el mero hecho de ser diferentes a la mayoría estadística.

En cuanto a si la asistencia sexual es o no prostitución creemos que es un debate estéril, porque hay tantas opiniones y matices como personas. La asistencia sexual es, ante todo, un acuerdo libre entre dos personas y, como tal, debe de ser respetado y no ser tratado únicamente desde las creencias éticas, morales y religiosas de terceras personas. Por ese mismo motivo, tampoco vemos viable esperar a que la figura del asistente sexual se normalice y regularice. Si consideramos que los derehos sexuales son un derecho humano (así lo reconoce la OMS) no necesitamos la aprovación de nadie para ejercerlos. De lo contrario, los prejuicios morales asfixiarian el desarrollo personal de todo un colectivo de personas discriminadas por su diversidad funcional.

Lo que está claro es que el concepto de prostitución debería de ser revisado. Este no es más que un oficio en el cual una persona decide realizar un trabajo especializado con su propio cuerpo a cambio de una retribución económica. Pero es que eso es exactamente lo que se hace en toda relación laboral. Con la coyuntura socioeconómica actual, gracias a la cual la explotación laboral se generaliza en pro de la productividad y el beneficio desmesurado, se ven obligadas a 'prostituirse' millones de vidas a cambio de salarios irrisorios y condiciones laborales denigrantes.

Los biopoderes han trasgiversado la personalidad, como rasgo identitario y diferenciador del resto de inviduos, con la identificación del individuo mediante su cuerpo dominado por los poderes médicos y estéticos de sometimiento del cuerpo. Y es en ese error dónde se confunden los términos, pues en cualquiera de los servicios sexuales de pago, el que contrata el servicio no paga para comprar al trabajador del sexo, ni tampoco su cuerpo entendido cómo objeto, sino el servicio que ofrece. Y si el problema es que ese trabajador muestra su cuerpo desnudo, también lo hacen voluntariamente muchas otras personas desde sus respectivas profesiones, por ejemplo actores y actrices, y nadie se rasga las vestiduras por ello.

Por su parte, el orígen etimológico de la palabra 'asistir' hace referencia tanto a "estar presente" como "ayudar". Sin embargo, la nomenclatura 'asistente/a' se asimila demasiado a 'asistencialismo', que es precisamente justo lo contrario que se pretende con la Filosofía de Vida Independiente con la figura del asistente/a personal. Para evitar malos entendidos y confusiones, consideramos que deberían también revisarse esos términos para adecuarlos a lo que realmente se refieren sin que haya ninguna ambigüedad: ayudas humanas para que las personas con diversidad funcional tengan igualdad de oportunidades.

El nombre pues de asistencia sexual se usa por analogía ideológica. Esta actividad existe y es legal desde hace casi 30 años, mucho antes de que en España ni siquiera se hablara de asistencia personal para personas con diversidad funcional. Nosotros consideramos que las dos figuras laborales no deben de recaer en la misma persona. Primero porque nadie tiene derecho a saberlo todo de una misma persona, vulnerándose así el derecho a la intimidad de las personas con diversidad funcional.

Segundo, porque vinvular la asistencia sexual a la asistencia personal supondría una discriminación dentro de la discriminación. Actualmente, los beneficiarios en España de un servicio de asistencia personal son una inmensa minoria. Por lo tanto, vinculadar las dos cosas supondría una exclusión dentro de la exclusión como es la diversidad funcional respecto al conjunto de la sociedad.

Y tercero, porque al ser una relación laboral en la que el 'asistido' se encuentra en una relación laboral de poder (es el que selecciona y contrata mediante pago directo), podrían crearse relaciones de dominación invertidas. Para evitarlas, mientras que la relación laboral con el asistente personal si que puede ser contractual por periodos largos y sus quehaceres estan más o menos claros, el asistente sexual solo podría ser contratada para realizar un servicio concreto y determinado en el tiempo para garantizar los derechos por ambas partes.

domingo, 27 de julio de 2014

Capacitación y código ético: hacia una ética profesional

Extracto de la ponencia de Rafael Reoyo en las jornadas 'Libertad sexual y sus implicaciones sociales en la actualidad'. Madrid, 28 de abril de 2014. 

Sex Asistent es pionera en España, en colaboración con ANSSYD, en ofrecer un curso de capacitación específica a aquellas personas que desean desempeñar la labor de asistentes sexuales. La especialización, desde la Filosofía de Vida Independiente, es necesaria para evitar el rechazo, la repulsión, el asistencialismo, la lástima... porque todo ello podría socavar la autoestima de muchas personas con diversidad funcional e incidir en su estigmatización. La preservación de la dignidad inherente de las personas con diversidad funcional mediante la formación de los asistentes sexuales convierte en inviable el carácter de voluntariedad de esta profesión. Dejar el tema en manos de voluntarios malmete la propia figura del asistente sexual porque podría causar recelos sobre sus intenciones entre familiares, tutores y trabajadores entorno a las personas con diversidad funcional, especialmente mental y, por consiguiente, su rechazo sistemático. En este sentido, en los países dónde ya funciona el servicio de asistencia sexual como una actividad de carácter profesional, ha sido mejor aceptada que otras opciones tanto por padres de personas con diversidad funcional como por profesionales. Y no es que éstos deban de decidir por las personas con diversidad funcional, ni menoscabar su voz, pero sin duda, en muchos casos pueden ejercer una influencia en su toma de decisiones. 

Entendemos que, para evitar situaciones estigmatizadoras y de indignidad, el asistente sexual debe aceptar expresamente un código ético profesional. En ese sentido, el 'Código ético sobre sexualidad y afectividad' desarrollado por Sex Asistent y ANSSYD está dirigido a familiares y a todos aquellos profesionales que trabajan entorno a estas personas para que se preserven los derechos y la dignidad de las personas con diversidad funcional en todos los ámbitos de la vida y, muy especialmente, en este que nos ocupa. 

Obviamente, la asistencia sexual está dentro de los servicios sexuales. Más allá del morbo que ello suscita, la consideración de si es o no prostitución va a depender de las creencias éticas, morales y religiosas de cada mirada. Nosotros no nos pronunciamos sobre ello, sobretodo porque creemos que la asistencia sexual no debe de ser ni un servicio especializado y segregador ni un simple negocio a costa de las personas con diversidad funcional. Es, ante todo, un agente de cambio al sometimiento político del cuerpo y de la diversidad humana

En cualquier caso, permitidme que os diga que la prostitución no es más que un oficio en el cual una persona decide realizar un trabajo especializado con su propio cuerpo a cambio de una retribución económica. Bajo esa definición, el geopolítico y sociólogo Jon E. Illescas Martínez advierte de que, si se prohíbe la prostitución, habría que prohibir también todo trabajo. Esa argumentación toma aún más sentido, si cabe, con la coyuntura socioeconómica actual, gracias a la cual la explotación laboral se generaliza en pro de la productividad y el beneficio desmesurado propios del neoliberalismo, 'prostituyendo' millones de vidas a cambio de salarios irrisorios y condiciones laborales denigrantes. 

Los biopoderes se encargaron de situar al cuerpo como el elemento central de nuestras vidas para así poder controlar a la población con facilidad. De esta manera se ha trasgiversado la personalidad, como rasgo identitario y diferenciador del resto de inviduos, más allá de sus características o estética corporal, con la identificación del individuo mediante su cuerpo dominado por los poderes médicos y estéticos de sometimiento del cuerpo. 

Es en ese error, en la identificación del individuo mediante su cuerpo y no mediante su personalidad, dónde se confunden los términos, pues en cualquiera de los servicios sexuales de pago, el que contrata el servicio no paga para comprar al trabajador del sexo, ni tampoco su cuerpo entendido cómo objeto, sino el servicio que ofrece. Y si el problema es que ese trabajador muestra su cuerpo desnudo, también lo hacen voluntariamente muchas otras personas desde sus respectivas profesiones, por ejemplo actores y actrices, y nadie se rasga las vestiduras por ello.